KFE08: La lucha diaria por sobrevivir

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Con la llegada de la nueva semana, he tenido el tiempo necesario para leerme la crónica de mi compañero Carlos González en su blog sobre el #kfe08, un encuentro al que acudí por primera vez y que su temática me llamó mucho la atención: “sobrevivir”.

Discúlpame si no hago un resumen sobre lo que es KfeInnovación, ya que puedes acceder directamente al enlace en su página web. Pero bueno, vayamos a la cuestión en particular y totalmente subjetiva del encuentro.

En los tiempos que corren, cualquier joven, cualquier ciudadano, es consciente de lo difícil que es mantenerse con un nivel de vida digno. O tal vez no. Desde mi punto de vista, hemos empezado a aceptar ciertas circunstancias en nuestro mundo laboral que han ido empobreciendo nuestro presente y cavando, poco a poco, la tumba de nuestro futuro. En muchas ocasiones, en este debate de KFE08, salió a relucir el tema de la educación como la salvadora de todo. Y es cierto que la educación siempre cumplirá con un rol de promoción social. Pero, ¿hasta qué punto?

Hace alrededor de un mes, en el rocódromo de Ofra, una madre me hacía la siguiente pregunta: “¿Qué le dirías tú a un niño de estos (9-14 años) que estudie para el futuro?”. Mi respuesta fue muy sencila. Un título universitario no le va a garantizar nada. Yo le diría que lo primero que tiene que buscar en su vida es ser feliz, y hacer lo que le haga feliz, si es ser médico, que sea médico, si le gusta la carpintería, carpintero.

Esta madre, probablemente se esperaba que le comentara las salidas laborales de las diferentes carreras, pero lo cierto es que creo firmemente en la respuesta que di en ese momento. Y creo en ella porque a día de hoy, estoy rodeado de compañeros y compañeras que estudiaron una carrera por convicción, y no encuentran trabajo en aquello que estudiaron. Jóvenes que acceden a puestos de trabajo no cualificados por no encontrar otra solución a su vida, personas que ven la necesidad de pagar facturas y la única forma que tienen de hacerlo es ésta.

Y bien es cierto que hay que adaptarse o morir, pero a día de hoy, el tener formación en algo no te garantiza nada. Por eso, creo que es justo decir que hay que estudiar y trabajar en aquello que a uno le hace feliz. Personalmente no aspiro a ser millonario, ni a ir a grandes conferencias a nivel mundial. Mis aspiraciones son más terrenales, una casa, una mujer, hijos y tiempo para pasar con ellos. Pero estas aspiraciones a mis 32 años, se ven traducidas en: vivo con mis padres, no tengo trabajo fijo, para poder llegar a un puesto debo formarme, para poder formarme necesito dinero, si no tengo dinero no me puedo formar, para ganar dinero tengo que trabajar, y para trabajar necesito que me den o crear trabajo. Y para crear trabajo necesito dinero…

Todo estos factores y el sistema, se han encargado de limitar gran parte de mi proyección y la de mis compañeros de generación. A día de hoy, parece que uno no puede ser lo que quiera ser, sino lo que le dejan ser. Trabajos mal pagados, jefes esclavistas, una ¿conciencia colectiva casi nula…?

Pero siempre intento ser positivo. Los jóvenes de nuestra generación somos gente con formación, creativos y con la capacidad de cambiar las cosas. El problema radica en que hasta hace no mucho, esa conciencia colectiva no surgió, en parte porque “no había la necesidad”. Se nos preparó para ser competitivos, se nos “amputaron” los sentimientos de colectivo, se nos encaminó hacia la competitividad y la excelencia individual. Tal vez porque es más fácil controlar a alguien que se siente “fracasado”, ya que el fin del sistema es crear su modelo de hombre/mujer ideal: competitivo y desnaturalizado (una persona hecha a imagen del sistema y que nunca lo criticará).

Pero cuando acudes a reuniones como las de KFE08, te das cuenta de que esa no es “toda la realidad”. Los jóvenes miramos por nuestro/a compañero/a, nos indignan los rescates bancarios, nos duele que un compañero esté en paro, que el acceso a la vivienda sea nulo, desahucios,  que para ser camarero necesites competencias en inglés y que para ser presidente del gobierno, con chapurrearlo un poco, pues ya vas tirando…

Nuestra generación sobrevive en su día a día, ¿tenemos miedo a luchar? por nuestros derechos por no perder una basura de puesto de trabajo, pero aun así, no perdemos la esperanza de que lo que estamos haciendo ahora, sirva de ejemplo para generaciones futuras. De que de algo nos valdrá lo que sufrimos ahora. En definitiva, confiamos en que las cosas las podemos cambiar. Que no lo harán hoy, y tampoco mañana, pero que los cimientos del cambio los están asentando unos pocos y unas pocas que son fuente de inspiración para el resto.

Considero firmemente que lo único que nos falta es creer más en nosotros/as, y en luchar por un cambio en el sistema. No podemos quedarnos en la mera apatía de la indignación, tenemos que hacer algo y lo estamos haciendo. Y lo estamos haciendo a nivel local, poco a poco, justo como surgen los grandes movimientos del cambio social. Nos hacemos fuertes, porque solos no hacemos nada, pero juntos podemos con todo.

Como diría Nelson Mandela:

“Ser libre no es solo liberarse de las propias cadenas, sino vivir de una forma que respete y mejore la libertad de los demás”.




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